Del Escritorio del Pastor.

Tema: La Oración que Dios Contesta.

Qué maravilloso es saber que como Hijo de Dios tenemos acceso al Trono de Dios, presentándole nuestras peticiones en oración (Hebreos 4:16). El anhelo del Padre es contestar nuestras oraciones de acuerdo a su voluntad. (1 Juan 5:14).

Es importante entender que para que Dios conteste nuestra oración, tenemos que ser hijos de Dios, lavados por la sangre de Cristo cuando aceptamos al Señor como nuestro Salvador. Ya hemos sido justificados por la Fé en Cristo (Rom.5:1) y tenemos todo el derecho legal de recibir de nuestro Padre lo que le hayamos pedido. Dios no escucha al pecador no arrepentido (Juan 9:31).

Esto no garantiza que todo lo que le pidamos a Dios lo habremos de recibir, aunque tengamos un derecho legítimo para recibir de Dios cuando oremos a Él, nuestra vida tiene que ser una vida en obediencia a la Palabra de Dios. Para que nuestra oración tenga contestación, tenemos que vivir como justos, como hijos obedientes.

Tambien sabemos que tenemos que pedir de acuerdo al "marco bíblico" para que Dios nos conteste (Santiago 4:3). No podemos pedir carnalmente porque no recibiremos nada. Nuestra fé tiene una función importantísima, sin fé es imposible agradar a Dios (Heb. 11:6), no recibiremos de Él sino ejercitamos nuestra fé (Santiago 1:6-7). Por medio de la fé, fuimos salvados (Efesios 2:8), y por la fé nos conectamos con el Padre para pedir y recibir. Nuestra fé tiene que estar saludable o sea sólida, sin duda para que Dios remueva la montaña y nos de nuestra petición (Marcos 11:23-24). Es vital alimentar nuestras almas con la Palabra de Dios, oirla, meditarla y sobre todo actuar sobre ella, ser un practicante de la misma (Santiago 1:21-24). Dios otorgó peticiones tremendas a personas por medio de Cristo, porque estuvo envuelto el elemento de la fé. Por ejemplo, como la mujer Sirofenícia cuando recibío la petición de la liberación de su hija, la fé movío la mano de Dios y ella actuó con una fé inisistente (Marcos 7:24-30). Nuestras vidas tienen que reflejar la realidad de Cristo en nosotros para que Dios conteste lo que le pedimos. Tenemos que ser verdaderos cristianos para tener el cielo abierto, puesto que nuestro Señor ya nos "abrío camino" (Hebreos 10:20).

El Rey Ezequías recibío la contestación de la oración que pide a Dios, por la liberación del pueblo Judío en Jerusalén de manos de los Asirios comandados por el Rey Senaquerib (2 Reyes 19:15-19). Dios contestó de una manera aplastante. Envio un Angel y mató 185,000 Asirios (2 Reyes 19:35). ¿Quién era el Rey Ezequías? Un hombre justo, temeroso de Dios que en el primer día de su reinado abrío las puertas del templo que su padre el Rey Acaz habia cerrado. Ezequías fué un gran reformador en tiempos de apostacía. Reorganizó el culto a Jehová. Pactó con Dios, que Él sería su Dios. Por tal razón Dios contesto de la manera que lo hizo (2 Cronicas 29:3-36).

Para que nuestro Padre nos conteste es sumamente importante que vivamos la Palabra de Dios y mantendremos los cielos abiertos. En la época del Profeta Isaías, el Señor estaba indignado con su pueblo y le dice que aunque multiplicaran la oración, Él no oiría (Isaias 1:15), pero si el pueblo se arrepentía Dios los bendeciría (Isaías 1:16-19). El Profeta Miqueas que es contemporáneo con Isaías reprende a los líderes de Israel y les dice que Dios no oiría su clamor por causas de sus malvadas obras (Miqueas 3:4). Dios en su gran amor y misericordia contestará nuestras peticiones según Su voluntad, según Su tiempo y según como nosotros seamos imitadores de Jesucristo. Vengamos a Él con un espíritu humilde, rociados con la sangre de Cristo y pidamos con seguridad y certeza en el nombre de Jesús y recibiremos de Él (Juan 16:23-24).